martes, 20 de noviembre de 2012

Lago Mono









Paseamos hoy por otro de esos lugares únicos que la naturaleza y sus azares han creado a lo largo de miles de años. Se trata del Lago Mono, que toma su nombre del Condado en el que se encuentra, en California.
De este lago bebe gran parte de la ciudad de Los Ángeles, que hace unas décadas por poco acaba con él por extraer más agua de la que naturalmente se repone hasta que a alguien se le ocurrió hacer cuentas con los dedos y vio que algo había que hacer al respecto, de modo que a mediados de los 90 se puso coto y parece que se solucionó el problema, quizás por esa falta de agua se acostumbraron en los barrios bien a beber cava y vino francés. En fin, que no es eso a lo que vamos, así que volvamos de nuevo a este lago y a sus peculiaridades que no son otras que las de estar salpicado de columnas pétreas que emergen de sus aguas y que a primera vista nos podrían recordar más a los ariscos paisajes de las costas y acantilados oceánicos, donde las enfurecidas aguas en  su perpetuo vaivén van dando forma a la piedra.

Pero no, aquí las calmadas aguas no son las culpables de estas erosiones tan peculiares. Las rocas de toba son formaciones causadas por la acumulación de carbonatos que emergen del fondo del lago en manantiales borboteantes, y no es que se salgan del agua, si no que el agua bajó hasta dejarlas ver.
Este tipo de formaciones, se pueden encontrar a varios kilómetros de distancia del actual lago y también a varios cientos de metros de altura, lo que indica que antaño el lago tenía unas dimensiones y profundidad realmente impresionantes que comparadas con el tamaño actual, dejan a este como una pequeña charca salada.


Pese a su elevada salinidad, que hace que tan solo puedan vivir en sus aguas unos pequeños cangrejos y algunas algas bien adaptadas, el lago es un santuario para muchas aves migratorias y para los fotógrafos, por lo menos, hasta que dure.








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